martes, 13 de diciembre de 2011
Después de dos meses sigo bajando en mi ascensor, y me apoyo en la pared derecha, con una pierna adelantada y la otra apoyada en la pared, de la misma manera que me apoyé cuando tu bajabas conmigo. Cierro los ojos y me da por imaginar que tu aún estás ahí, que aún me estás apretando contra la pared de forma muy suave. Noto tus manos cogiendo mi cara y veo el reflejo de tus ojos mirando fijamente mientras me decías que me querías. Seguidamente noto tus labios contra los míos. Calientes, como siempre. Abro los ojos y acto seguido me miro al espejo. No ha pasado tanto tiempo, yo no he cambiado tanto. Ahora quizá tengo el pelo un poco más largo y en vez de llevar sandalias y pantalones cortos llevo converse y pantalones largos, pero no ha cambiado nada más. En ese momento se abren las puertas y salgo. ¿Y qué todos los días tenga que vivir la misma historia?

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