martes, 13 de diciembre de 2011

Te quiero.

Él y ella. Solos. Totalmente solos, sentados cerca de la orilla del mar. Nota el aire frío ''¿Qué pasa?, es estraño, están en verano y tiene frío'', piensa ella, mientras que él parece no darse ni cuenta. Ella le mira mientras él habla con la vista perdida en el agua del mar. Él, ese chico que acaba de conocer, ese chico que ha echo que olvide a todo el mundo, ese chico que nunca la ha querido. Y ella lo sabe, ella sabe que él no siente nada por ella, ni ahora ni nunca, pero lo deja pasar. Él le coje un mechón de pelo y se lo coloca por detrás de la oreja. Ella empieza a darse cuenta de que terminará por odiar su perfección, y tira la cabeza hacía atrás y deja que el aire mueva sus rizos. Él se da cuenta y se acerca más a ella. La coge por detrás de la cabeza y la besa. La besa de muchas maneras, pero nunca con cariño y mucho menos con amor. Los dos se dejan llevar por la pasión.
Empieza a oscurecer y ella cada vez tiene más frío, sigue sin entenderlo, están a mediados de agosto. Él se levanta y camina hasta la parte de la orilla donde la arena ya está mojada, mientras tanto ella le observa moverse entre la oscuridad del atardecer. Si, está tremendo, una pena que no conozca el amor. Se levanta y va hacia él. Él la coje por la espalda.
- Te quiero.- le susurra él al oido con la mirada perdida en el movimiento de las olas.
- Dime algo que sea verdad.- dice ella muy decidida, pero sin acusarle.
- No me gustan los guisantes.

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